del hombre; cólera funesta que causó infinitas benevolencias, extraño castigo divino que se precipitó sobre los Hades de todos los tiempos y por la cual muchas almas valerosas se perdieron y se pudrieron al convertirse en héroes; a quienes hizo presa de perros y pasto de aves —cumplíase así la voluntad de Shakespeare ‘el bufón’ y de Cervantes ‘el mentiroso’— Desde aquella vez, desde que cada lugar se separó del resto y Presuntuoso decidió morir y no matar en la disputa de la tierra de los Vanir.

           Así, en medio de su camino, apareció la redicha selva oscura y pronto se perdió la recta vía. ‘Áspera y fuerte’ ‘renueve su recuerdo a la pavura’ ‘más me valdría no haberte tenido’ ‘es totalmente imposible que usted lo consiga’ ‘es cáncer’, miles de mutaciones nos la recuerdan y sin embargo ¡cuan pocos volverán para contar las cosas que allí vieron! y los que realmente pudieran no sabrán cómos.

           Somnoliento y dolido cuando apareció el monte, a sus pies dejo Presuntuoso el corazón, dispuesto a ir desprendiéndose de partes y órganos de si mismo a cada paso y así saber reconocer el camino a la vuelta.

           Y las espaldas del monte vestidas de rayos recuerdan que Presuntuoso jamás se fió. ¡Qué nunca nadie se fíe del que sobrevive para contarlo! –y así se cumplirá la profecía de Schopenhauer ‘el misántropo’ y de Kafka ‘el asustado’ -

                                                                                                                                                         

 (extracto autorizado)

 

 

 

 

           ¿Y?

 

 

 

 

           Y flores.

           La dalia negra que representaba un cuerpo desnudo que el verdadero poeta solo podría llegar a soñar. Una inocente paradoja del sexo: que siendo un acto común capaz de realizarlo cualquiera, la demanda supere siempre a la oferta

           Y la orquídea imposible que esconde la paradoja de relatar y ser la relatada, de ser miles de veces y precisamente por eso ser única. Una inocente anécdota sobre la paradoja: que entre más paradoja, más inocencia

           Una rojísima rosa sobre la solapa del smoking, la señal de una cita por llegar. Podría ahora mismo imaginar la historia (igual que tú, seguro, pero no pienso seguir siendo tu vasallo ni tu amanuense)

           Campos llenos de margaritas en aquellos años de infancia en que cada verano tenía meses que duraban eternidades.

           Geranios creciendo en macetas y  regadas por señoras que miran por el balcón como si también ellas estuviesen encerradas y en lugar de intentar escapar se conformasen con odiar todo lo que ven desde ahí.

           Scrophularias silvestres que parecen que matarían pero que es solo disfraz, para que no abusemos de su cura

           La flor del cerezo, la cereza, la posibilidad de una isla.

           Dos gardenias para ti, tres crisantemos sobre una tumba y una flor de acebo en navidad

           Da miedo que las cosas se acaben. En Ehnok cuando tenemos miedo nos da por contar cosas, las enumeramos, de un modo aun más repetitivo al habitual, como si eso fuera un mantra múltiple, o una letanía o los estribillos de una canción inocente. A otros les da por sumar los números que encuentran a su alrededor o por buscar cosas amarillas o azules o de cualquier otro color. Los hay que lloran, pero generalmente en Ehnok enumeramos cosas. Da la impresión que nada realmente malo puede pasar cuando todo se encuentra ordenado, aunque solo esté malordenado en tu cabeza. Puede que solo le estemos haciendo hueco a la mala noticia que presentimos que se avecina y lo que hagamos realmente al contar las cosas sea despedirnos de ellas, de la que aun desconocemos pero que sabemos que la mala nueva se llevará por delante.

           Pero bueno, supongo que eso ya lo habrás notado

 

 

 

 

-Zalacain el aventurero, que mi padre me regaló unas navidades y que no leí hasta muchos años después, cuan él hubo muerto

-Zambrano, Maria Zambrano, que tenia un gato que se llamaba Andalucía

-Ja, ja, ja

-Pues yo tengo uno doble

-¿Cómo que doble?

-Zaratrusta que es Zaratrusta y también Zoroastro. Nietsche era un buen escritor de aforismo,

-Pues si valen dobles yo tengo uno, aunque algo pillado por los pelos: Zoe la de Salinger que practicaba el Zen

-Un poco rebuscado ¿no?

-Eso no vale, y además ¿seguro que era Zen?

-Pero la Zoe de Salinger si que vale, con Franny, que aunque no sea de las que más me guste al fin y al cabo es un Salinger

-Me toca…

-¡Vamos, piensa!

-¡Zenón! y su tortuga, que no se si llamaba Andalucía pero le venció a Aquiles sin despeinarse

-Habíamos dicho a Zeus o habíamos quedado que no valía

-Quienes no valían era Zorrilla ni Emile Zola, por pesados

-Entonces Xavier Zubiri tampoco valdrá, por aburrido

-Yo tengo uno, yo tengo uno, escuchad: Zazie de Queneau. Además debería valer doble

-¡Uf, que difícil está la cosa!

-Yo creo que es casi imposible continuar

-De Asia y del este de Europa los hemos dicho todos, pocos deben quedar

-¿Y no os acordáis de la figura literaria esa? Sí, hombre ¿cómo era?, ‘zugma’ o ‘zegma’ o algo parecido

-A mí no me suena de nada

-Pero ¿en qué consistía?

-No me acuerdo bien, era como algo que se usaba cuando se enumeraban las cosas;  como una forma de enumeración, pero como saltándose algo, no repitiéndose algo o algo así

-Ni idea

-Ni puta idea

 

 

 

 

 

 

 

                                                                                                        fin

 

       (de la segunda parte)

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