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Disculpen la interrupción, pero para lo poco que queda y con lo poco que me dejan salir, permítanme que ya que por casualidad he traído el disfraz, me disfrace de poeta un rato. Me persigue un destino eterno: hablar y no cautivar. Plantar mis noches de errundos sueños y morir mis días de ascetas lágrimas, gritos yermos de palabras. Pero para ti es peor, a ti te compone el eterno baldío oficio de no oír de oír pero no escuchas de escuchar para sólo llegar a comprender Somos sombras, odiado leedor |
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