8.

           Me levanto una mañana con una sensación rara. Al principio lo achaco a la enorme resaca, casi aun borrachera, que arrastro de la noche pasada. Me siento extraño, me siento un poco mareado y me duele algo la cabeza. Pasan los días y cada vez me siento más raro y sigo sin poder dormir bien; no puede ser aun por la resaca del jueves.

           El mundo me parece más desconocido de lo habitual y hasta hay cosas que no llego a entender, llega un momento en que me da la impresión de que estoy sólo actuando por instinto. Además a nadie parezco importarle realmente, pero pasada cierta barrera de preocupaciones empiezo a saborear la desconocida novedad

           Me levanto, me ducho, voy al trabajo. Camino despacio, saboreo conversaciones ajenas, recuerdos inocentes, hasta penas tan profundamente escondidas en mi inconsciencia que desconocía. Redescubro el lenguaje, las palabras. Los números, los gestos, los objetos, todos son diferentes

           Esta claro, vivo desvinculado de la vida. Todo pasa por mis sentidos y por ellos mismos se escapa. Es una sensación extraña con la que puedo vivir sin problemas

           Un día cualquiera, paseando cerca del parque aquel en que hace poco pusieron una estatua equina al ‘cuentista desconocido’, mis pasos me encaminan a una cantina. Entro sin preocuparme, hace días que los porqués no me interesan ni siquiera como divertimento. Me siento en una esquina algo apartado y extrañamente reconozco a las personas que están hablando

           Alcahuete, un viejo barrendero ya casi jubilado, discute con Vaquizo, un costalero de mediana edad, sobre números. Ninguno de los dos debe saber contar más de hasta diez, pero ambos juegan con la suposición de que el otro no lo sabe

           -Hay números que no se pueden sumar, coño

           -¡Qué no!, te digo que no, todo se puede

           -A ver, me juego contigo la ronda a que no sumas esto

           Y borrando el menú del día ya caduco, y pidiendo a Marcelo la tiza, escribe sobre la pizarra dos filas de cinco números al azar.

           Alcahuete se acerca, mira con cara de circunstancias y tras varios amagos escribe al azar una tercera fila de ocho números

           Marcelo, el dueño del bar, se acerca y mira la pizarra durante unos segundos

           -Sí señor, ahí le has dado, perfecto

           Alcahuete se sonroja, Marcelo le da unas palmadas en la espalda y Vaquizo se explica

           -Si  es que ya hay hasta ordenadores, como no se va a poder sumar unos números

           -Suerte, sólo suerte, ya veras el domingo en el fútbol, eso va a ser otro cantar -Dice Alcahuete cambiando de tema

           Un extraño deja vú me turba. Se me acerca un tipo del fondo de la barra en el que no había recaído y me dice

           -Luís, vente paca y déjate de polemistas

           ¿Luís? ¿por qué me llama Luís?, ¿por qué  me suena tanto la cháchara que acabo de presenciar?

           ¡Díos mío, me he convertido en otra persona! Soy Luís Antuñano!!

           ¿Cómo es posible!

           Salgo a la calle, mareado, estoy a punto de caerme, lo veo todo nublado. Me alejo muy deprisa de la cantina. Vomito. Llego desconcertado a la estatua al ‘cuentista desconocido’, me siento bajo ella. No doy crédito. Me pongo a pensar…

           …pero Alberto ¿qué cojones bebiste el jueves!

 

 

 

 

9.

“         -Desde el punto de vista de la exactitud se ha realizado un gran progreso al introducir los puntos a medida que se hacían necesarios, y no empezar, como se hacía anteriormente, por asumir el espacio en su totalidad. Este método se debe en parte a Peano y en parte a otro italiano llamado Fano. Para los que no están acostumbrados a él, tiene cierto aire de pedantería deliberada. En este sentido, empezamos por lo siguientes axiomas: 1) Hay una clase de entidades llamadas puntos 2) Hay como mínimo un punto. 3) Si a es un punto, hay por lo menos otro punto además de a. Introducimos entonces la línea recta que une  dos puntos, y volvemos a empezar por 4), a saber, en la línea recta que une a y b, hay por lo menos otro punto además de a y b. 5) Hay por lo menos un punto fuera de la línea ab. Y se continúa así hasta que tenemos los medios de obtener tantos puntos como necesitamos.

Partiendo de esta metodología geométrica podemos representar con total exactitud el mundo humano; no el mundo abstracto de una parte de lo humano, como es la geometría, sino el completo de las personas y sus circunstancias.

Empezamos por los siguientes axiomas: 1) Hay una clase de entidades llamadas personas 2) Hay como mínimo una persona. 3) Si a es una persona, hay por lo menos otra persona además de a. La línea recta que une dos puntos la substituimos por la idea de relación, de que esas personas se relacionan, y volvemos a empezar por 4), a saber, en la relación que une...

Al final nos bastaría con 283 premisas para explicar el mundo básico, el que comprendemos a simple vista. Después con 176 más explicaríamos el más profundo, el que nos gusta creer que es -y por eso lo llamamos así- indirecto, el de las ideas, y los sentimientos, y todo lo más abstracto.

El único problema es que, como señala Peano humorísticamente, la geometría no utiliza nunca la palabra espacio. E igualmente que la geometría no utiliza nunca la palabra espacio -aquello de las clases categóricas bastaría para explicar el porqué de esto-, este sistema nunca podría explicar nada: la entidad persona, por ejemplo, no define nada. Si la geometría utilizará la palabra espacio sabría perfectamente que es, y entonces no se necesitaría la geometría, ni siquiera la palabra espacio. Por eso la palabra persona, por ejemplo, no significa nada.”

Salgo despacio por la ventana, sin saber porque cada mañana despierto en una casa distinta del pueblo -de mi querida C.-. Entonces pienso que tú tenías razón: no soy sonámbulo, nunca lo he sido, lo que pasa es que tengo los sueños de otro, y es ese otro el sonámbulo, de la misma forma que un tercero está teniendo los míos. De igual forma que esta semana tú -mi querida ‘tú’- estas soñando también los sueños de algún otro, porque en tus sueños siempre aparezco yo, y si no aparezco yo siempre aparece una de las cinco cosas infinitas, o un cubo vacío, o una mesa alargada de cuatro patas, y esta semana en tus sueños sólo han aparecido zapatos.

Y empiezo a pensar, y creo que es el doctor quien está teniendo tus sueños, y se le está pegando algo, porque antes nunca hablaba así (y no creo que los sueños de una personas sean superiores a ella, a lo mejor sí sus pesadillas), o al menos no habla así en público ni mucho menos de esas cosas, y tú sí, y ahora él habla así en mis sueños.

Me pregunto quien será quien está soñando mis sueños, para regalarle algo como compensación por esa pesadilla semanal.

Y mientras vuelvo a casa, en pijama, pienso en ti. Lo cierto es que no les dejaré que digan que tú no eres Picasso, nunca más, a nadie. Claro, que yo sé que eres mejor.

Creo que me gustaría que pintases, me gusta verte pintando. Me gusta mirarte mientras pintas.

 

 

 

 

10.

de NUeVO

Ya no podrá llevar la plenitud de mi deseo nada. Dudo de ellos, ya no podrán llevarme por rutas peligrosas o junto a diosas imposibles.

           Vacío de mí, sin paso ya de hombre, huyo de las luces, de los sabores a ciudades o ha personas. Equivoco el camino que me veía abandonando, y los caballos galopan ya en soledad, con el mismo impulso que antes de no ser libres.

Ya no hay estrellas que muestren el camino. Las ruedas caminan lentas. Veinticuatro vueltas de rueda conforman un día, y en cada vuelta de rueda sesenta pasos propios tiran del carro... y cada paso cincuenta seis centímetros avanza. El polvo hace de la luz un extraño compañero, y las formas de las sombras se muestran extremas y veloces. Pienso en dioses primigenios, en la plateada escarcha de lejanos o de próximos amaneceres.

Los velos de la noche esconden a los hijos de la lluvia, mientras las hijas de lo oscuro golpean, a ritmos descompasados, sobre todo árbol muerto que aun no haya sido devorado por este hambriento planeta, ávido de venganza.

No hay libros, todos fueron quemados para alimentar las danzas de los desheredados, mientras los legítimos derrochaban los suyos alzándose sobre ellos para alcanzar el dorado brillo de la fortuna.

Llegó el momento, por todos sabido, en el que los libros sólo existían intangibles, escondidos en anónimas personas.

Yo vendí el mundo a las tinieblas en el preciso instante en el que la última palabra del último libro se borró de mi recuerdo.

Lego la eterna nada a nadie.

 

 

 

 

11.

VeNtANa

           El tiempo nunca pasa en vano. Nadie es tan viejo como para no poder vivir un año más, pero tampoco nadie es tan joven como para no poder morir mañana.

Tengo miedo a morir y no haberte dicho que te quiero, o no habértelo dicho suficientemente. Escribo esta carta abierta, sin claro destinatario, a sabiendas de que sabrás que va dirigida a ti, pero jugando también con la seguridad y la esperanza de que cada una de las personas que quiero sientan que a ellas está dirigida. Espero que no te equivoques y creas que está dirigida a otra persona, que hay personas a las que quiero más o que hay personas a las que por naturaleza debiera de ir dirigida esta carta, porque escribo para decirte que te quiero y eres tú quien sabes (espero que mi forma de ser te hayan dejado claro esto) cuanto te quiero. Pero no repetiré muchas más veces esto de que te quiero, ni cuánto te quiero, ni cómo te quiero, porque querer es siempre querer en exceso -si hay excesos para el querer, o como si el exceso no fuera siempre imprescindible-, y la redundancia siempre resulta inútil y vacía.

Es en este libro donde primero leerás esta carta, aun sabiendo con certeza que no es el sitio adecuado, que quizá este cartero no sea efectivo, o que corro el riesgo de que pudiera tomarse el libro entero como lo que no es. Pero no importa, esta necesidad es más importante que aquel exceso. Estoy convencido que ya sabes que me dirijo a ti, por eso no quiero aclarar más ni dirigir la carta a nadie en concreto; sólo las cartas comerciales van dirigidas, todas las demás deben, por lo menos para el hombre que trata de no dejar de serlo, ser sólo de él para sí mismo, a través de la persona a la que quieres haciendo de intermediaria: .

Todo lo que se ha de decir ha de decirse frente a unos ojos que miran, y esos eran antes mis ojos que la escribía, y ahora son los tuyos que la leen (…quizá esto no sea una carta sino simplemente una ventana) Con esta carta no intento justificar cualquiera de mis errores, o hasta todos, solo aclarar un poco más lo que espero que ya sepas: lo que mis palabras ya han delatado, o puede que lo que no me he atrevido a decir hasta ahora, pero espero que tú comprendieras con mis ojos, con mis gestos, con mis cobardías o con mis silencios: creo que tú sabes de sobra qué entender cuando hablo de mis miradas, de mis poses, de mis timideces... pero sobre todo mis cobardías. Mis cobardías.

Habitualmente escribo más para entretenerme y para aclararme que para decir nada, pero no es así en estos momentos. Es más, estoy seguro de que esto es lo único necesario e imprescindible que nunca he escrito -y seguramente nunca escribiré-... Incluso sé que cualquiera que pueda leerla sabrá de su importancia, hasta el punto de descubrir que es a él mismo a quien pudiera ir dirigida, lo cual implica que ella misma pudiera ser la persona, quizá hasta el punto de serla, porque cada cosa importante que pasa no deja de pasarnos a cada uno de nosotros

Así que sólo decirte que te quiero; que espero tu recuerdo; que, sea la muerte metafórica o real, la muerte de alguien que nos sueña, es la muerte de parte de nosotros -Unamuno- así que no sólo soy menos sin ti (o tú sin mí) sino que (al menos por mi parte) soy tan poco que más que existir, desisto; que algunos instante cerca de ti -en cualquiera de los modos en que sepas que fueron 'cerca de ti' o incluso en algunos que desconoces- fueron descubrir el leve sentido del vivir; que pese a todo te añoro; que siento ¡tanto! mis cobardías y mis equivocaciones, que si no supiera que leerás la carta, me tendría que resignar a que nada tuviera sentido, porque tengo la convicción de que sin ti -como quieras interpretar el 'sin ti'- tampoco importa carta alguna, ni seguramente nada. Concluyendo, que te quiero, que con el tiempo sólo puedo quererte más de lo que te he querido... en definitiva, todas esas cosas a las que las palabras no llegan.

Y que me gustaría que pensases en mí a veces.

 

 

 

 

12.

GRan MURaLLA

           Cuando eres pequeño miras los dibujos en los libros del colegio y crees que todo es posible. Creces y ves fotos, y entonces crees que todo es cercano. Viajas y ves las piedras y llegas a suponer que todo sucede en un continuo ahora.

           Y entonces ya no hay salida, tu mismo te condenas. Te condenas a actuar, ha decidir, ha hacer cosas. Buscas la parte del muro más difícil de subir y empiezas la vida.

Cada vez que caigo cierro con fuerza el puño, para marcar en el suelo al golpear con el puño, la fuerza de la caída. Así, cada vez que miro al suelo, veo las veces que ya he caído y con la fuerza que lo he hecho: entre mayor es el agujero, mayor es el sitio desde el que caigo, al que había llegado, y más orgulloso me siento.

           ¿Cómo no pensar que soy estúpido si más me alegro entre mayor sea el golpe? Claro que la utopía de no llegar a caerse es para estúpidos aun mayores

           Bueno, en el fondo este diente tampoco es que lo usase mucho

 

 

 

 

13.

Hacía tiempo que estaba en la habitación, pero aun no había hablado con nadie, y nadie parecía tener la intención de hacerlo conmigo; me sentía invisible. Casi había dejado de ser yo, para convertirme en aquel libro que estaba leyendo.

Se abrió la puerta, pero nadie entró. Se cerró la puerta, pero nadie la cerró. Fue entonces cuando de un golpe olvidé el libro y salí de él, casi de una forma mágica, para sentirme otra vez yo.

Pregunté quien acababa de entrar y la gente, entre risas y pensando que les estaba tomando el pelo, me contestaba que yo.

Pregunté cuanto tiempo llevaba ese libro encima de la mesa. Me dijeron que llevaba ahí todo el día.

Sentí miedo... ¿estaba perdiendo la cabeza? ¿se había metido mi cabeza en el libro mientras mi cuerpo deambulaba a su antojo…?

Comencé a escrutar el libro como si todo el problema estuviese en él, al fin y al cabo hasta ahora nunca me había pasado esto, tenia que ser algo que tuviera el libro.

Empecé por la cubierta, de pasta marrón, con la letra incrustada y moldeada en negro. El lomo era normal aunque al tacto parecía más suave de lo esperado. Lo abrí y comprobé que todas las páginas eran de la misma textura y con la misma letra –la que a mí me parecía courier o courier new-.

En ese momento se volvió a abrir la puerta de la habitación. Mi corazón comenzó a latir como si previese la llegada de un fantasma, pero la cosa fue más tétrica: entre yo mismo.

Perdí el conocimiento y desmallado, creo, caí al suelo

Desperté en la cama de un hospital. Cerré de nuevo los ojos para parpadear y estaba en el suelo, junto al libro, con dos personas dándome aire y una tercera pidiendo a gritos un doctor. No volví a cerrar los ojos durante un rato, pero la imagen del hospital me había dejado trastornado… decidí que tenía que actuar rápido

Cerré los ojos de nuevo, con fuerza. A los poco segundos los abrí, despacio, con miedo, y ¡estaba de nuevo en el hospital!... ‘Bien’ pensé ‘los hechos se repiten, esto quiere decir que a lo mejor puedo utilizar la ciencia para explicarlo’ y volví a cerrar los ojos, despacio.

Al abrirlos estaba de nuevo en la habitación, tumbado en el suelo. Traté de incorporarme

-No te muevas, te has golpeado la cabeza al caerte, esperemos a que venga un médico.

De acuerdo, esperaría, al fin y al cabo este era el lugar que me resultaba conocido, simplemente no tenía que volver a cerrar los ojos.

Miré alrededor, tratando de encontrar más pistas y pensé, por un segundo cerrar los ojos y tratar de hacer lo mismo en el otro sitio.

Cerca de mí pude ver el libro, aun en el suelo, ‘Breve historia del tiempo’

¿No resultaría curioso una brecha espacio-tiempo instalada precisamente en un libro? ¿no sería paradójico un extraño agujero de gusano en un manuscrito de Stephen Hawking?

Pero ¿por qué se abre solo para mí? ¿por qué solo cuando cierro los ojos?

 

 

 

 

14.

Empecemos, pues, por lo primero.

A la primera pregunta sólo sé responder que los mitos son imaginarios porque el cementerio está lleno de gusanos.

           Pero a la segunda no sé bien que responder. Yo nunca estuve allí. Sí, siempre me han gustado los trenes, pero hace mucho que no pasa ninguno por aquí. Pero se lo contaré deprisa. Creo que cuando él llego yo acababa de jubilarme… quién diría que acabaría así… recuerdo su cara, su barba y la soberbia de los jóvenes. Antes pasaban muchos trenes por aquí, ¿sabe?... todos los años venía algún poeta de esos, como en peregrinación. Yo al principio pensé que era uno más, un poco extravagante, claro que entre más tiempo pasa, más extraña es la gente… ¡ay! o a lo mejor es que nos estamos haciendo viejos…

           Recuerdo que me enseñó un libro lleno como de frases, de citas y mientras le decía que a mí me gustaban mucho las citas, que un hermano mío trajo uno una vez, me dijo ‘aforismos, son aforismos’... bueno, yo de esas cosas no entiendo mucho, pero eran frases, solo eso, refranes y cosas así, pero de poetas y escritores ‘No, todos son míos’, me dijo, qué ya hay que tener valor, ir por ahí con un libro suyo solo lleno de frases, sin historias ni nada. Bueno…

           Pero no parecía un mal chico. Una vez me cambio una botella de tequila por un poema… yo me deje engañar, al chico se le veía triste, necesitaba emborracharse, alguna mala mujer, seguro… creo que tengo por aquí el poema

Se adhiere a la cama la sabana de tu cuerpo

arropará el frío que late en la noche

Sobre el suelo moribundo un momento,

repetido y repetido. Revive azul paraíso

sobre el cristal del recuerdo

Despierta, una flor

posada en tu hombro tierno

y oscuro. Renace una pompa sutil.

Acaricio tus miradas mientras olvido el sueño.

Amor, adiós; que tus muslos se abriguen de este mundo vil.

           (¿usted cree que esto ahora que se ha muerto y es un ‘mito’ de esos, valdrá algo?.. yo no es que quiera venderlo, me hace mucha ilusión tener un poema de un ‘mito’ de esos, pero es para cuando se los dé a mis hijos, para saber que les dejo)

           Bueno, si quiere le digo donde está ahora su tumba, está aquí cerca, tenemos el cementerio junto la estación, por si las almas no encuentran aquí descanso y tienen que irse, aunque ahora no pasan muchos trenes, ¡jua, jua, jua!… Pero démonos prisa.

           Miré es esa de allí, en la lapida pone ‘dresito’ que era como le llamábamos aquí, ‘dresito, el argentino poeta’…Lo que no sé es porque venían tantos poetas aquí, ¡si aquí nunca pasó nada! Mire, en todo el cementerio debe haber como cinco o seis poetas, sin exagerarla nada, y ahí todos, comidos por los mismos gusanos, los de aquí deben ser los gusanos más listos del mundo

           Creo que cuando era joven, ¡cuándo era joven!, imagínese señorita, uno me dijo que si nuestro pueblo salía en un libro, o algo así; pero no me dijo cual, o si lo dijo no me acuerdo

                  ...Pero le tengo que dejar señorita, dentro de diez minutos llega el tren que viene a cogerme

           …¿le conocía mucho? Se lo digo porque después de este tren el próximo no pasa hasta dentro de una semana, y aquí no encontrará donde pasar la noche ni quien le lleve a otro sitio, ¡a no ser que se meta en la tumba con su amigo, jua, jua, jua! Yo estoy esperando que vengan mis hijos a recogerme, ¿o pensaba  que yo me pasaba el día sentado en el andén,  con estas ropas de domingo?...

 

 

 

 

15.

 Hanoi -1

Dicen que antes que leyenda fue ‘juego matemático’. No saben que antes que ‘juego matemático’ y leyenda fue realidad.

No, no fue en Benares, pero sí eran 64 los discos. Aunque los detalles no son el problema. Al menos ya no son el problema.

Alguien gritó, y fue oído. -¿Exceso? De acuerdo, cambiemos el reloj

Y el reloj fue cambiado. Pero pagando el pecado que supone la ofensa de no soportar las reglas divinas

Ahora todo es mucho más sencillo (ahora todo es mucho más cruel)

Ahora hay castigo (un infierno) y ahora hay una recompensa (un cielo)

-Cuando hallas conseguido hacer el cambio el universo acabará, al fin y al cabo se trata del mismo reloj. Tú como premio, como hacedor, como relojero del todo poderoso serás correspondido (¿karma, cielo, reencarnación?). ¡Pero cuídate de errar, pobre mortal!, ¡cuídate de equivocarte!, ¡cuídate más, siquiera, de volver a dudar del devenir del universo y sus reglas!

Ahora todo es mucho más sencillo (ahora todo es mucho más cruel), las mismas reglas (un disco a la vez, nunca un disco mayor sobre otro menor) la misma meta (el movimiento de  los discos, del principio, al fin), solo dos discos… pero solo dos agujas.

                 -¿Exceso? Dos es menos que tres, dos es menos que sesenta y cuatro, ahora todo es más fácil

                 Se hizo el silencio, un silencio infinito

-Pero no te precipites, piensa cuidadosamente cada movimiento, porque no tienes posibilidad para el error… ¡Cuídate, pobre mortal! No te precipites. Piensa que tienes la eternidad completa para hacerlo… y una eternidad es mejor que un castigo divino

 

 

 

 

16.

Casi todo el otoño de 1954 me lo pasé en un hospital. Durante ese tiempo tuve tres compañeros de habitación y aunque hayan pasado más de sesenta años desde aquello y aunque yo fuera muy joven, o precisamente porque era muy joven, me acuerdo perfectamente de cada uno de ellos

El que más tiempo estuvo fue el señor Martin. Era una persona mayor, con alzheimer y con una cadera rota. Había participado en la guerra de Europa y estaba viudo. El alzheimer le había inutilizado la parte del cerebro que controla el dolor; él

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