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no llegaba a comprender porqué estaba escayolado y como no le dolía, rompía y se quitaba la escayola constantemente. Su hija no se despegaba de él, pero la fuerza del señor Martin era mucho mayor y para cuando llegaban los celadores y las enfermeras para anestesiarle, él estaba casi en el suelo. Al final se pasaba la mayor parte del tiempo atado a la cama. Él abría los ojos, se veía atado, miraba a su hija, se trataba de soltar, la volvía a mirar, gritaba, lloraba, volvía a gritar… y lloraba, como un niño pequeño. Recuerdo como si fuera ayer las lágrimas del señor Martin, lágrimas porque no entendía nada. El primero cronológicamente fue el señor Garmin Lovich. Era joven, tendría unos veintitantos y era bastante descarado. Esta allí porque había recibido un balazo mientras trabajaba de detective. ‘Detective privado, wow’ pensaba yo, pero pronto dejó de importarme eso y empecé a fijarme en las enfermeras que no dejaban de cuidarle y que él no dejaba de piropear Una noche me dijo -Chico, entrecierra la cortina, y mira lo que quiera, pero pase lo que pase y oigas lo que oigas, hazte el dormido Yo era muy inocente para mi edad y nunca había visto a una mujer desnuda, salvo algún pecho en alguna de esas revistas que ahora llaman pin-up. Recuerdo como si fuera ayer el cuerpo de aquella enfermera, rubia, de ojos oscuros y con unas caderas infinitas. El último de mis compañeros de cuarto era un ex-novelista. Delgado, con bigote, siempre tosiendo, al final de la mediana edad, casi tirando a mayor. El señor Samuel D.H. Había vivido mucho, decía que siempre le seguía la policía, que ya no trabajaba y que el poco dinero que necesitaba se lo conseguía su mujer y amigos que le ayudaban. Hablaba poco, le costaba mucho respirar y casi siempre estaba borracho -Yo soy para mí todos los misterios –gritaba, borracho, en medio de la noche. Y muchas otras cosas mucho menos ‘poéticas’ Un día compré lo que ese hombre había escrito y comencé a leerlo. Esa fue la primera vez que descubrí que si dedicas tu vida a hacer lo que quieres, o incluso a hacer lo que se te da bien, vendrá alguien y te joderá. (¿Por miedo, por envidia, por estupidez?) Desde entonces, las lágrimas (las lágrimas por no entender nada, absolutamente nada), el cuerpo desnudo de una mujer, el alcohol y la literatura viven juntas en mí cabeza. Desde entonces, dejé de temerle un poco más a la vida, porque en aquel hospital descubrí las cuatro causas principales del sufrimiento humano
17. Círculos que se bifurcan De toda la obra de B.1 hay un cuento que no es suyo. Inicialmente se llamaba, curiosamente, Juego de Apócrifos. Nadie reconocerá, hoy en día, que no es suyo; a estas alturas él es un gran mito, y a los grandes mitos es difícil buscarles roturas, y encontrárselas sólo sirve para desprestigiar al descubridor. Lo cierto es que esto no supondría ni una leve duda en la idea que tenemos de él, es, si no, un claro ejemplo más de su genialidad: acoplar perfectamente el cuento de un tercero al resto de su literatura, hasta indiscutiblemente hacerlo suyo, escribir algún otro texto que juegue con elementos del apócrifo Juego de Apócrifos, colocarlo en el lugar adecuado dentro de su bibliografía y su vida, poseer la elegancia de hacer suyo un cuento llamado, precisamente, Juego de Apócrifos. Pero claro, la inercia mandobediente y la necesidad de construir inmovilidades y universalidades estáticas, para sentirlas como hogares, hace que este tipo de cosas no parezcan más que calumnias y falsetes. Es por eso por lo que cuento esto aquí. En caso de que nadie lo crea siempre podrá pasar por mera ficción (aunque sólo lo verdadero puede pasar como mera ficción) Si lo dijese en algún artículo, nadie dudaría de que es falso, pese a no serlo, porque para eso están los diarios, para disfrazar la mentira de certeza. Pero sobre todo, decir este tipo de cosas en los periódicos solo sirve si lo que se quiere es levantar polvaredas. Esta es la forma más vieja de conseguir, a costa de otros, que suene tu nombre, o alguna palmadita en la espalda de enemigos acérrimos de B, o intentos de auto-encubrimiento, o cualquier vilipendiada similar del alma humana. Este tipo de noticias, en la prensa, siempre suenan a mentiras. Decirlo de viva voz, dejarlo correr como un rumor, es como dejarle un arma a un psicópata; el mundo actual es muy ducho a vivir entre leyendas urbanas y mitos enterrados bajo estúpidas tergiversaciones (el despertar del anonimato alimenta monstruo). Y un ensayo sobre el tema contextualizaría la realidad de una forma peligrosa: un ensayo criticando a B supondría una estupidez -demasiado grande incluso para entrar en el grupo de las que pudieran ser propias-, y el asunto del plagio sonaría a argumentación malinventada para justificar lo injustificable, la crítica a B; un ensayo alabándolo haría que la cosa no pareciese cierta y fuese tomada como una pequeña boutade, para dar un toque de originalidad a un tema ya tan estudiado como el de B Si preguntásemos a Yoko Ono o a cualquier experto en la obra de B negarían la existencia de ningún cuento previo y asegurarían la originalidad total del cuento. Nadie quiere reconocer confesiones, ni preguntarse qué es 'matar' y qué es 'engendrar otro hombre' cuando los conjurados se confiesan. Pese a la curiosidad que supongo quisiera aclara, antes de dilatarme más, que en ningún momento diré cual es el nombre con el que B. rebautizó el cuento. Lo que sí explicaré es como llegué a tal conocimiento. No es a través de ningún análisis morfológico, ni cualquier tipo de estudio sobre su escritura. Ni tampoco es una confesión de B, es algo mucho más administrativo. El mismo cuento está registrado dos años antes que B supuestamente lo escribiera, a nombre de su verdadero autor (nombre que tampoco daré). Lo primero que te hace pensar esto es en un error de registros o en un juego de B. Una persona que jugaba tan bien con realidad y ficción sería exquisito con este tipo de trampas. Pero pronto pude ponerme en contacto con el autor original. El señor A.F., algo mayor ya -aun vivo y trece años menor que B.- nos contó la historia, y hasta nos mostró como prueba una de las dos copias de la carta, escrita a mano, (la otra supuestamente la tenia B) en que de el propio B reconoce que acepta el regalo y en la que A.F. admite que le regala el cuento por “no poder cuidarlo como B lo cuidaría […] y esperando que haga de él una persona de provecho” (también ocultaremos la fecha de la carta para que no se pueda conjeturar, con mayores pistas, el cuento del que se trata). ¿Cabría la posibilidad de un engaño? Sobre todo creo que no. La carta es, según un experto, de puño y letra de B. y, lo que es más importante, la palabra de un hombre, que nunca ha reclamado reconocimientos, y que después de la confesión a seguido manteniendo su anonimato, siempre es de fiar (más aun con esa voz temerosa y culpable con la que hablaba, como la de quien vende un hijo) Estoy convencido que de alguna forma será B quien termine esta historia, desde la tumba, pero sin la necesidad de salir de su mortalidad eterna, cuando algún documento, seguro que milimétricamente situado en el tiempo, cierre este circulo aun abierto Es fascinante ver como un dios moderno como B hace sagrado un cuento, para terminar expulsándolo de la Biblia de su obra, transformándolo así en apócrifo. Un cuento cuyo nombre real era ni más ni menos que su destino: un juego de apócrifos.
POSDATA: El motivo de que sea ahora cuando esta confesión sale a la luz es por el fallecimiento de A.F., en mayo del pasado año de 2011. DEP.
18. Es por todos conocidos que el primer concurso de epitafios de la ciudad se celebró a finales del siglo XIX, cuando unos jóvenes escritores, hoy en día omnipresentes y materializados en mármoles y piedras a lo largo de toda la ciudad, lo empezaron como un juego con el que medir su ingenio. Algo que no fue de mayor relevancia hasta que hace veinte años las mentes preclaras de nuestros regidores decidieron rescatarlas como homenaje a esa época dora de la ciudad (¿un concurso de epitafios muestra de una época ‘dorada’?). Durante varios años se ha venido celebrando con distintas suerte, pero siempre fiel a su cita. El 1 de Noviembre (no podía ser otra la fecha elegida) una foto con el señor excelentísimo alcalde de Lautreramont, una placa conmemorativa y la cara asustada de un adolescente con una idea ingeniosa, acababan posándose en la sección de cultura o en la sección de efemérides de todos los periódicos de la ciudad. Epitafios que van desde “Tan solo, y es el principio” hasta el divertido “¿para siempre?, me parece demasiado tiempo “, pasando por la jocosidad de “A ver ¿qué tenía Lázaro que yo no tenga?” o a la paradoja de “No valdría la pena vivir, si todo lo tratásemos de resumir en una sola frase”, todos han tenido su placa conmemorativa. Pero esta historia es otra, o sutilmente otra. Es la historia de un epitafio, que quizás hubiese ganado el concurso si se hubiera presentado, pero que lo que ha conseguido es mucho más importante, confirmar lo que sospechábamos: ¡Qué esta ciudad se va al carajo! Dice el epitafio “Quiero abrir mi corazón para que en él me habites… así tras mi último adiós aun vivirás en lo más profundo de mí e iluminarás mi santo y oscuro sepulcro. Me recordaras lo falsa de esta muerte y cada vez que te vea, dentro de mí, me sentiré insoportablemente inmortal, pero feliz” Alégrense queridos conciudadanos, vivimos en la ciudad más poética del mundo, del universo quizás. Vivimos en una ciudad donde un poema es tan importante que la autora de tan particular y seguro sincera versión de tan antiguo verso, pese a muerta, tiene que levantar se la tumba para explicarlo. Esta misma tarde se ha procedido a la exhumación del cadáver. Y tras comprobarse que todo se trataba de un malentendido, las autoridades han pedido disculpas a la familia de la fallecida criatura. Esta la ha aceptado y ha tomado la decisión de cambiar el epitafio y poner el texto completo del verso, aprovechando que el ayuntamiento se ha propuesto a subvencionarlo: “Quiero abrir mi corazón para que en él me habites. Saberte dentro de mí, sentirte vivo, tierno. Serás mi conciencia y mi latir, serás la luz que en cada dura mañana golpee mis aparentes soledades. Y viviré feliz, y aparentaré vivir sola, contigo dentro de mí, para siempre. Así tras mi último adiós aun vivirás en lo más profundo de mí e iluminarás mi santo y oscuro sepulcro. Me recordaras lo falsa de esta muerte y cada vez que te vea, dentro de mí, me sentiré insoportablemente inmortal, pero feliz” ¿Qué el asunto les resulta increíble? Sí, a mi también Vivirán más felices si no se lo creen
19. Por aquella época siempre hacia el mismo recorrido y siempre dos veces al día, excepto los domingos. Era normal encontrar algún autostopista, y como el camino era largo los solía coger y dejarlos generalmente en la circunvalatoria, donde es más fácil encontrar algún camión con mayor recorrido. La primera vez que cogí a este chico me pareció más asustado de lo habitual, pero tras hablar un rato con él comprendí que era demasiado joven y no conocía a nadie en la ciudad y eso siempre asusta. Me extraño encontrarlo al día siguiente más o menos en el mismo sitio, pero lo volví a coger y tras hablar un rato con él me contó que tenía alguna entrevista de trabajo y que tenía muchas esperanzas en conseguirlo. A los dos o tres días ya fuimos compañeros diarios de viajes, le llevaba a la ciudad y le cogía; me contaba que había conseguido trabajo en una tienda de mascotas. Llevábamos una semana y media de compañeros de viajes. Era martes, no olvidaré ese día. Se sentó en el único asiento libre que solía tener el coche, el resto estaba siempre lleno de cajas y bolsas porque yo trabajaba de representante de equipos electrónicos. Sacó una pistola y me disparó en la cabeza. Perdí el conocimiento y cuando lo recuperé estaba en la cuneta. Sentía como la sangre resbalaba por mi cabeza, era como un hilo fino, estaba algo mareado… más que mareado, como si viviese en un sueño, como si no fuese a mí al que le sucedían las cosas. Podía moverme. Me levanté. No podía creérmelo, el coche estaba a unos pocos metros, me acerqué a él. Cuando me vio llegar salió del coche que estaba registrando y me volvió a disparar en la cabeza. Sentí como un golpe en la cabeza, un golpe fuerte de calor en el punto del cráneo por el que yo supuse había entrado la bala y un escozor concentrado en un punto microscópico que me daba la impresión estaba por el lado de dentro de mi cabeza. Me caí. Después me enteré de que en la caída me había fracturado un hombro, pero en esos momentos no sentía ningún dolor, quizá porque toda mi atención estaba en el resbalar continuo de ese hilo de sangre que salía de mi cabeza, y en ese escozor. Era consciente de todo, y decidí no ponerme nervioso. Aun no comprendo como pude mantener la calma, quizá era tan sencillo como que no me quedaban más opciones. Antes de tratar de comprobar si podía moverme decidí dedicarle un minuto a ponerme en paz con díos. No recuerdo bien que le dije pero sé que la última frase la pronuncié en voz alta, comprobando así si podía hablar, si podía escuchar, fue algo así como “hágase en ti mi voluntad”. Justo después de pronunciarla me di cuenta del error, pero sabía que si había un díos escuchándome sabría entenderme. Me levante. Fui hacia el coche de nuevo. Recuerdo su cara, su miedo. Tenía una pistola, yo apenas podía moverme y ¡él era el asustado! -Llévate lo que quiera, no me importa, pero tienes que llevarme a un hospital -Cabrón –Y trato de dispararme. Se le encasquillo la pistola, lo cierto es que me había fijado en ella la primera vez que me disparó y no tenía muy buena pinta. Fue entonces cuando supe que se había hecho la voluntad de alguien, y me sonreí por eso. Él pensó que me sonreía de él y con la culata se acercó a mí y me golpeó en la cabeza con toda su fuerza (era mucha, realmente mucha). Perdí de nuevo el conocimiento Me levante. Estaba en la cuneta, bajo un sol arrasador. El coche acababa de arrancar. Al verme levantar salio a toda velocidad. Solo, a diez kilómetro de cualquier parte, con la boca totalmente sedienta... ¡ah!, y con dos disparos en la cabeza y un hombro roto y... En la lejanía vi como el coche se salía de la carretera y se estrellaba contra la cuneta. Cuando llegué al coche el tipo había perdido el conocimiento al golpearse contra el parabrisas. Después me enteré que al verme levantar de nuevo, se asustó tanto que perdió el control del coche, debió pensar que era un zombi o cualquier cosa parecida. El coche aun funcionaba. Me monte en él y conduje hasta el hospital más próximo. La segunda bala había rebotado sobre la primera, la primera debía ser algo defectuoso, había entrado de lado y se había quedado ‘encasquillada’ en mi cráneo. Fui el héroe del Condado de Candem durante varios años, y tiempo después aun se cuenta mi historia. Algunos piensan que no es cierta, que es ‘mito urbano’ para enseñar que hay que rezar, que hay que creer en dios y no en zombis, que hay que tener cuidado con los forasteros, que hay que salvarle la vida al prójimo aunque sea tu enemigo y que una persona honrada con una vida honrada merece seguir con vida. Hace poco decidí escribir un cuento contándola con todo lujo de detalles (y algunas licencias literarias), lo envíe a un concurso de la radio (un concurso nacional, ni más ni menos) y resulto preseleccionada. Tengo en mis manos el libro de P. A. que lo recopila, llena de gente que lo ha pasado realmente mal y ha seguido adelante, pero también en él he descubierto que todo el país está lleno de historias con final feliz, como la mía. Debiéramos salir todos al tejado de nuestras casas y gritar: ¡Hágase en ti mi voluntad, América!, aun con el riesgo de que sea disléxica y quiera creer en cosas paranormales y pensar que todos no somos más que un enorme mito urbano.
20. Me embarga la pena cada vez que paseo y miro atrás. Salgo a pasear, camino solo, hablo solo, me siento perdido en una ciudad demasiado grande, o me siento perdido en un universo demasiado infinito. Miro a las personas, y miro el suelo, y miro a cada cosa que encuentro sobrecogedoramente interesante: un edificio, un árbol, una chaqueta, un rayo de sol sobre un pequeño charco, un gesto de un desconocido al cruzar la calle o una palabra cuando paso junto a una conversación banal. Y después de que varios sentimientos moldeen mi paseo, es cuando, pasado el suficiente tiempo vagando con la única dirección de mis pasos guiados por el deseo de conocer, me embarga la pena de mirar atrás y ver que nadie me sigue. A veces pienso que he cuidado todo los detalles como para parecer interesante -distintos tipos de 'interesante' incluso-, otras que el camino era propicio, ya sea por su simplicidad o por su extrañeza, o pienso incluso que hasta he incitado a la persona adecuada. En ocasiones estoy tan imbuido en mis pensamientos y sentimientos que estoy profundamente convencido que alguien ha tenido que seguirme. Otras soy tan superficial que la más mínima corriente de aire podría levantarme del suelo. Pero miro atrás y nadie me sigue. Miro atrás varias veces para asegurarme, compruebo si me siguen parándome en las esquinas una vez dobladas, corro hasta el riesgo de parecer loco o hasta peligroso con mis comprobaciones, pero ni así consigo siquiera que me sigan. Supongo que una cosa es penitencia ineludible de la otra. Que como no hay felicidad sin castigo, es imposible que nadie me siga porque ese, y no otro, es el castigo por la felicidad de no saber nunca que es lo que empiezo, o no saber siquiera si estoy comenzando algo o terminando algo que no sé cuando empecé. Y sin embargo también creo que en otro tiempo había también gente que no sabía nunca que es lo que empezaba, y que además era seguida por desconocidos. Creo que la gente debiera de seguir más a desconocidos. A desconocidos que les pudieran parecer interesante -interesantes positiva o negativamente-. Creo que en este mundo las cosas no van mejor porque la gente tiene miedo de que les sigan. Si fuese al revés, como muchos dicen creer, la solución sería fácil: vagabundear detrás de un desconocido, enamorarse profundamente por unos segundos, o asombrarse totalmente por alguna sutileza; mantener la larga relación de la distancia, desde el desconocimiento, por unos minutos, por unos instantes y romper sabiendo que hoy no ha sido un día perdido porque hemos conocido a una persona increíble, interesante o hasta singular, aunque no hablásemos con ella -porque además qué sentido pueden tener las palabras cuando ya conoces a alguien como para seguirle- También es verdad que cuando sigues a alguien a veces te queda el dolor de creer todo lo que habías imaginado, pero creerlo inalcanzable. Sin duda esa no es pena comparada con la de mirar y ver que nadie te sigue. La gente tampoco mira ya por las ventanas, viendo la calle como si fuera un cuadro… pero eso es otra historia, otra historia que no se puede contar en esta página en concreto, porque esto no es un diario, ni mucho menos (y el número de excepciones es limitado).
22. Ladies and Gentlemans Después del cuento más corto, después del cuento más feo y después del cuento que más pesa, ante ustedes la última proeza del siglo XXI. Del guionista de los libros de Prada, del productor de los libros de Vallvey, del maquillador de los poemas de un tal Benjamín P, de un tipo que dice que una vez vio a Vila-Matas en una foto y de un tipo que no sabe de que demonios se ríe Savater El cuento más rápido jamás contado:
Apocalipsis eterna… fin.
La critica a dicho “Un final inesperado, esos tres punto condensan todos los finales de la historia de la literatura, y me quedo corto” Armas Marcelo en el ABC-Cultural “Una historia plagada de elipsis, un vocabulario intrigante, unos personajes arrebatadores, aun no lo hemos leído pero por lo que hemos oído se trata del cuento del año” Javier Rodríguez Marcos en Babelia “La portada es preciosa” un becario del ¿Qué leer?
Ahora con un 10 % menos de materia grasa (búsquelo en la sección de congelados)
23. Quisiera recordar a Gödel. Gödel había demostrado que el intento de crear un sistema matemático completo y coherente era un imposible. Sus ideas se pueden recoger en dos suposiciones: Primer teorema de incompletitud: Si el conjunto de axiomas de una teoría es coherente, existen teoremas que no se pueden ni probar ni refutar. Segundo teorema de incompletitud: No existe ningún proceso constructivo capaz de demostrar que una teoría axiomática es coherente. El grado metafísico de estas afirmaciones es enorme. Pero tampoco entraré en él, supondría una demostración absolutamente maravillosa, pero el margen de esta hoja es demasiado estrecho para incluirla. En su lado teológico tampoco cabría, porque la proposición que la contiene es en sí, además de por lo que encierra, maravillosa; fue algo que me dijo la mujer del cuento donde iba a trabajar 'Dios existe porque las matemáticas son coherentes y el diablo existe porque no podemos demostrarlo' o viceversa, que podría haber dicho desde Weil a Russell 'Las matemáticas son coherentes, y eso es dios, pero no podemos demostrarlo, y eso es el diablo'. Pero volvamos a Gödel. Gödel expresó en el campo de las matemáticas lo que ya se sabía hace siglos y siglos, la paradoja del mentiroso: 'yo soy un mentiroso'. Y justamente por aquellas fechas de Gödel, en física, la madre de todas las ciencias, esta vez en la sección escala atómica, se hacía el mismo descubrimiento: el principio de incertidumbre de Heisenberg. ¿Cómo son posibles tales coincidencias? Hay más, hay mucho más. Por aquella época un poeta escribía un verso. Un verso que sin duda forma parte de esta misma idea, sin que el escribiente supiera, por supuesto, la relación con lo anterior. Un verso que posee toda esa belleza de lo completo en sí mismo, de lo que no necesita estar relacionado con las teorías antes comentadas, la belleza que posee lo que es verdad, y reconocemos que lo es: amar es dar lo que no tienes a quien no es. Años después cometiendo el imperdonable delito de plagio, o igual de grave, cometiendo el insoportable delito de la ignorancia, Lacan lo quiso elevar a la categoría de idea, teoría, suposición… Después de todo esto, lo único que extraña es la atemporalidad de mi descubrimiento. Lo que he descubierto de mí es algo que debía haber descubierto en 1931. Pero por entonces yo no vivía (en carne y huesos quiero decir), y sin embargo el hecho de que haya descubierto esto sobre mí está relacionado con aquello. Cuando descubrí esto sobre mí, abatido, abrí un libro y supe de los teoremas de la incompletitud, y abrí al azar otro y encontré el principio de incertidumbre, y repetí el paso por tercera vez y hallé el verso. ¿Cómo son posibles tales coincidencias? ¡Ah!, que qué he descubierto: que mi vida no es viable. Me lo dijo la mujer del cuento donde iba a trabajar... justo después de despedirme, porque los niños ahora prefieren lo versado a lo versátil. Me dijo -Un personaje como el tuyo ya no vale para los cuentos de hoy en día, y ya sabes que la nuestra es una empresa familiar -Pero si soy un personaje atemporal: el listillo de la clase, el resabido |
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