-Si pero los niños prefieren ‘otro tipo de resabidillo’ – así lo dijo, literalmente, dijo resabidillo, estaba claro que ya no apreciaba mi trabajo para nada; y dijo ‘otro tipo’, como si hubiera varios tipos

-¿Otros tipos? Los personajes clásicos solo tienen un tipo

-¿Te gusta la informática? Hazte geek, y cuando vuelvas tendrás un sitio en nuestro cuento, te lo prometo. O coge algo de pluma y cotillea como si tu vida fuera en ello.

Lo cierto es que siempre odié a los gays, quieren ser mujeres y han cogido lo peor de ellas: son amanerados, superficiales y  envidiosos. ¿Y los geek?, por dios, una parodia de una parodia de ellos mismos; es imposible ser un personaje siendo geek, porque sigues siendo geek, y entre más, más geek te vuelves.

           Puto Gödel.

 

 

 

 

24.

           Había tres cosas que hacen los escritores que siempre había odiado Nanami Komachi: escribir sobre la segunda guerra mundial (estaba también la versión local de escribir sobre la guerra civil española), contar un sueño que habían tenido, o contar una historia como si fuera un sueño que habían tenido y contar una historia en la que el personaje que la cuenta está muerto.

           Nanami quería dejar su Logroño natal, llegar a una gran ciudad, le daba igual Madrid que Barcelona, y convertirse en una gran escritora de cuentos para niños. De niña su madre le leía cuentos para dormirse, cuando se levantaba por la mañana lo primero que hacía era reescribirlos. Aun conserva una caperucita roja muy mona y un par de cenicientas que le parecen de un nivel digno de ser verdaderos clásicos.

           Escribir es fácil, más aun si llevas quince años haciéndolo, muy idiota hay que ser para no aprender la profesión, no es tan complicada: los artesanos del cuento son los mejores, piensa Nanami. Pero lo difícil es publicar. ‘Preferiría hacer películas porno a tener que publicar en esas condiciones’ le dijo una vez a un pobrecito editor. Siempre se lo dijo todo el mundo, sobre todo en clase ‘Señorita Komachi, tiene usted demasiado genio para la poca cosa que es’.

           Lo cierto es que lo bueno que tienen muchos editores es que te valen tanto para un roto como para un descosido

           Una vez escuché esta pregunta: Imaginemos a un chico joven que quiere aprender a tocar la guitarra, pero claro, necesita dinero para pagarse las clases, comprar la guitarra… Un tío suyo le consigue trabajo en un banco. Pasan cinco años ¿qué creéis que es el chico, un guitarrista que trabajo alguna vez en un banco o un bancario que de joven quería tocar la guitarra?

           Mañana, después de más de cinco años sin escribir nada, se pondrá a escribir. Ya tiene tres cuentos en mente.

           En el primero cuenta un sueño en el que un soldado de la primera guerra mundial vuelve a por su novia, lo gracioso de la historia es que el soldado, que cuenta la historia en primera persona, está muerto

           En el segundo, situado en la guerra civil (pero muy neutro, que no le cierre puertas) un campesino desentierra el cuerpo de su hermano, después se despierta de pronto y descubre que sus hermano es él y él es su hermano y ambos están muertos.

           En el tercero la cenicienta quiere ir a la guerra pero no la dejan, quiere morirse pero no puede, quiere dormir pero no sueña.

           Ya es una chica famosa, no le costará mucho venderlos. Ser tan poca cosa, por lo menos, le había valido para algo.

 

 

 

 

25.

A uNA DISTaNCiA PRudeNCIAl

Qué pequeño es un minuto cuando se aísla del resto, cuando se destila del resto de los segundos. Parece difícil saber cuanto ocupa un texto que se pueda leer en un minuto.

Dos minutos son exactamente el tiempo que se tarda en leer esto.

La idea es más vieja que el reloj. Varias culturas han medido el tiempo en palabras; el tiempo en que se leía el relato sagrado de como el propio tiempo fue creado, solía ser  la medida unitaria de tiempo. Un minuto, tanto cronológica como temporalmente hablando, sin entelequias de relatividades ni circunstancialidades.

Y el ritmo de lectura que imponía el druida, el mago, el sacerdote, o llamémoslo como queramos, era el ritmo de la vida, del suceder de todas las cosas que les rodeaban –no había gentes ávidas de metodologías, que creyesen que leyendo más rápido pudieran apoderarse de más vida, como hoy en día-. El problema de los textos que han llegado a nosotros es su traducción; cada traducción varía, desde sutil a considerablemente, el tiempo de lectura, y su lectura en la lengua original no deja de ser una mera diversión, pues el hecho de no usarla de un modo habitual desvirtúa más aun la velocidad de la propia vida, del mismo texto.

El minuto como medida unitaria indiscutible, porque por debajo de él nuestras imposibilidades como seres humanos no nos permiten ver más que las sobras, ya huyendo, de cada segundo, de cada milisegundo, o de cada umbral infinitesimal de tiempo, del que ya ni siquiera llegamos a ver sus sombra y solo nos queda el perfume que deja después de haber pasado por ahí, de haber pasado por nosotros mismos.

Sin duda es importante el modo en que se lee. Leídos en voz alta, sin llegar a ser recitados, a veces hasta gritados. Sobre una piedra, sobre un altar, sobre un río, bajo un árbol, pero siempre con el don del ritmo, sin pausas, sin altibajos,

Como haciéndole el amor al viento, al espacio, al tiempo. Y practicar, practicar, practicar 1:58, 1:59…

 

 

 

 

26.

e, LA LEtRa

           Somos células que se juntaron con el único fin de crear a un ser superior: un ser creador de frases. Se podría decir que somos células que quieren ser frases (de la misma forma en que podemos decir que los átomos solo aspiran a ser células, y el resto son solo intentos fallidos que embellecen, mejoran o alargan la vida de las células)

           Cojamos una frase al azar “Cojamos tres personajes: Cervantes, Borges y Monterroso.” y pongamos junto a otra igual de falsamente azarosa “Relacionémoslos: Borges es un admirador más de Cervantes. Monterroso estoy convencido de que admira a Borges; si Cervantes viviera admiraría a Monterroso.”

           ¿Hemos construido algo superior?

           Yo diría que no

           Pero podríamos seguir probando, sumando y sumando, cual células en continua lucha por mutarse en frase.

“Queda buscar el asunto sobre el que cimentar el cuento; además, para apuntalarlo, estaría bien algunas frases importantes.”

o incluso cambiar la mecánica y añadir párrafos enteros:

“La frase más importante de la literatura española, puede observarse ya las peligrosas intenciones cuando se continua con una cita así, dice 'En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no puedo acordarme...' -cito de memoria-. Además uno de los cuentos más importantes de la literatura en español dice 'Cuando despertó, el dinosaurio aun estaba allí' -cito de memoria también-44.”

¿Hemos terminado por crear algo superior? Yo diría que no

¿Pero por qué? por qué no hay nada superior a la frase o por qué en verdad cada personaje, cada célula que nos compone vindica cada frase como suya y no quiere compartirla.

Mi teoría es la siguiente. Si tenemos una frase. Pongamos:

“Lo que más importa para el caso son las comas. Sobran comas, o faltan.”

Son millones las células que nos componen: las que la leen, las que la escribe, las que la piensan: las que la devoran e impiden que de ella, con ella o para ella  pueda construirse algo superior.

Y partiendo de esta teoría podríamos iniciar un importante experimento científico (importante para el devenir de la literatura). Construyamos un ‘microclima’ propicio para la célula, con unas cuantas frases entrelazadas, frases de diferentes tipos, sentidos… Propongamos este campo de batalla, suficientemente amplio como para que dos células colocadas al azar no tengan porque encontrarse, al tener ‘alimento suficiente’ como para vivir cada una en su parte de la ‘pecera’:

“Borges, citando la mítica frase de Cervantes, dice en una de sus obras 'En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme'. Y tiene razón, parece como que faltase una coma, sin embargo Cervantes, acertadamente creo yo, no se la pone, haciendo que la aclaración supuesta se difunda en la frase que presuntamente debe aclarar y consiguiendo que tan notaria aclaración no tome un protagonismo que pueda despistar de la 'trama' de la misma frase.

Monterroso en cambio separa, aleja al dinosaurio con una coma. Si el dinosaurio estuviera en libertad el cuento tendría dos posibles interpretaciones más. Al decir 'Cuando despertó el dinosaurio aun estaba allí' podemos estar diciendo tres cosas posibles, al no aclarar si el dinosaurio sólo despierta, sólo está o está y despierta. Y aunque estas interpretaciones de significados choquen con la lógica que imponen ciertas reglas gramaticales -y reducen el significado de la frase sin comas a uno, puede que como mucho a uno y medio-, no creo que choque con la forma en que el lector, leyendo, se detiene en lo que le parece lógico, sin fijarse en comas ninguna. Salvo cuando están, que entonces se encuentra obligado a detenerse45.”

¿Sé encontrarían las células? ¿Las complicaciones del ‘bosque’ les impedirán el acercamiento? o siquiera ¿necesita una de otra, por amor, por continuidad de la especie a través de la reproducción? o en su hedonismo y satisfechas todas las necesidades cada una permanecerá en su esquina, amamantándose hasta reventar.

Pues por desgracia sería esto segundo lo que sucedería: (y es que la literatura empuja al hedonismo).

Y sin embrago una solo ligera variación del ‘ecosistema’ sería suficiente para desencadenar un proceso de reproducción y multiplicaciones tal, que acabaría devorando el ‘microcosmos’ en que se hayan: solo habría que desequilibrar el sistema, simplemente, quitando o poniendo una coma o quitando o poniendo una ‘e’ o… (y es que la literatura, sin comas –o sin una sola e-, empuja a la reproducción hasta la destrucción)

Este cuento termina fijándose en cómo, en el propio cuento, sobra -puede que hasta falte- una coma, pero sabiendo que será otro el que debe estigmatizarla, ...porque esto no es ningún engranaje del movimiento perpetuo o del pensar absurdo -ni esta es la página 45-

Pero si no se creen el experimento (porque las comas casi siempre empujados al hedonismo, como puede verse) pruébelo usted mismo. Aquí mismo le proponemos el siguiente ‘campo de cultivo’, el siguiente ‘modelo teórico’ ya equilibrado, para que practique en su casa:

“Este cuento termina fijándose en cómo, en el propio cuento, sobra -puede que hasta falte- una coma, pero sabiendo que será otro el que debe estigmatizarla ...porque esto no es ningún engranaje del movimiento perpetuo o del pensar absurdo -ni esta es la página 45-“

 

 

 

 

27.

Una anacronía: Supongamos que Rojo ganó la guerra.

Imaginemos ahora un ciudad del medio este europeo. Juliana ha conocido a Joe esa misma noche.

-El camión se fue –Dice Joe, sentándose

Juliana se levanta y se acerca a la cocina a preparar algo de desayuno.

-Me recogerá cuando pase de vuelta por aquí. Mi compañero no le dirá nada a nadie. Sabe que yo haría lo mismo por él

Desde la lejanía se escucha a Juliana

-¿Cuantos años tienes?

                 -Treinta y cinco- Contesta Joe mientras hojea una revista para mujeres y se fija en algún desconchón de la pared, en algún enchufe que necesitaría arreglo y en alguna estantería no muy bien colocada.

                 -¿Y de que parte de Rijeer eres?

                 -¿Siempre haces tantas preguntas?

                 Juliana se calla, coge un trapo de cocina se limpia las manos y busca dos platos junto al fregadero. Uno es un poco más nuevo y grande que el otro y es en él donde pone más jamón y dos de los tres huevos. Sale de la cocina con los dos platos los deja sobre la mesa y vuelve a la cocina

                 -Perdona, pero es que no me gusta hablar mucho del pasado. Bonita casa, muy acogedora.-Dice mientras mira al suelo algo ruborizado, quizás por la pequeña mentira, quizás por no estar muy acostumbrado a lanzar piropos

                 -No seas pelota, es solo lo que me puedo permitir

                 -Sí, pero esta muy bien, muy cuidada y todas esas cosas que hacéis las mujeres.

                 -¿Prefieres leche o zumo?

                 -Lo que tengas me da igual… ¿Y como es que una chica como tú a terminado en una ciudad como esta?

                 Se hacen unos segundos de silencio. Joe piensa que ha metido la pata, pero no sabe como rectificar o que decir. Juliana no sabe si contestar, al fin y al cabo tampoco es una gran historia o un gran secreto, pero tampoco sabe si Joe le conviene y no quiere, bajo ningún concepto, que piense que es una chica del montón

                 -A mi tampoco me gusta mucho hablar de mi pasado

                 Se hace de nuevo el silencio esta vez mucho más largo. Comienzan a desayunar

                 Juliana se levanta y abre la ventana de la habitación. Quiere airear un poco la casa, pero quiere también comprobar si Joe se abrigará o si directamente se marchará

                 -¿Trabajas esta mañana, tienes algo que hacer?

                 -No, no tengo clases hasta la tarde.

                 Por la ventada, como por arte de magia entra un saltamontes, que se posa sobre la cama.

                 Joe se queda mirando la langosta y Juliana enciende la radio. De fondo suena música antigua al estilo de Edith Piaf

                 -¿Sabes que se tienen que juntar muchas langostas para que liberen feromonas y así comiencen a crecerles las alas y comiencen a migrar y dispersarse? – Joe no sabe de donde han salido esas palabras. No recordaba saber esa cosa, pero tampoco es esa su forma de hablar.

                 -Sí, lo sabía, yo también leí ese libro –Juliana también se asusta, tampoco sabe bien de donde ha sacado esa impostura y ese desdén

                 La radio deja de poner música. Noticias de última hora…

                 Da la impresión de que todo el mundo quiere irse a alguna parte, pero nadie encuentra la compañía ni el lugar

 

 

 

 

28.

           Había pasado tanto tiempo ya, más de catorce horas. Tenía la imperiosa necesidad de abrazarlo, sentirse piel con piel, aun con la aduana de las ropas de por medio; necesitaba sentir sus fuertes brazos abrazándola, sentir su olor, notar sus brazos cogiéndola por la cintura, sus fuertes manos que después recorrerían todo su cuerpo, y se pararían sobre sus pechos y bajarían poco a poco, hasta su cintura, y seguirían bajando. Tenía la inminente necesidad de sentir sus feroces labios besándola, y su mojada lengua, chupando su cuerpo desnudo. Le gustaba que la chupasen, que la lengua de Él se recrease en su sexo mientras ella agarraba su pelo rubio con ambas manos

           Bajó del coche y notó como una ráfaga fría de aire recorría su cuerpo, sintió sus pezones endurecerse al pensar que el aire eran sus dedos, pellizcándoselos.

           Mientras subía las escaleras su imaginación se quedo inmóvil en los rojos labios de él y sus deseos de mordérselos eran tales que al morderse con tal fuerza los suyos, una pequeña herida se formó en el labio inferior.

           Qué pena que fuera miércoles, a ella solo le tocaba los martes, pero es que Él estaba tan bueno, era tan sexual, tan atlético, tan varonil. Había semanas que no podía resignarse, y sin darse cuenta se encontraba masturbándose en la ducha, o recostada sobre el sofá, mientras pensaba  en Él. Pero hoy no lo haría, se sentiría sucia y demasiado sola después de masturbarse. Se preparó un sándwich, se duchó y se arregló deprisa. Salio de casa dispuesta a no volver sola.

           N. hacía años que había descubierto su belleza animal, su gran virilidad. Con trece años había perdido la virginidad, o más bien se la habían perdido, con una chica un par de años mayor que él, una tarde en el parque de detrás del colegio donde iban. Desde ese momento descubrió que él estaba hecho para follar y toda su vida fue un ir encontrándose mujeres. Llego un momento en la vida en que algo cansado por la más o menos facilidad con la que conseguía a las mujeres, había probado con algún travelo y hasta con algún hombre, pero más allá del placer sexual, que en cualquier caso siempre conseguiría, no le producían el placer de victoria y triunfo que realmente descubrió que sólo le daban las mujeres. Lo cierto es que estaba orgulloso de su largo y grueso falo, de sus grandes y perfectamente depilados testículos. Iba perdiendo interés por la penetración, pero le seguía gustando ver a las chicas arrodillarse para chuparle la polla

           En el primero de los bares, ella, no encontró nada, y eso que una compañera de trabajo le había hablado tan bien de él que iba con muchas esperanzas. Decidió apostar sobre seguro y fue a uno que nunca fallaba, no estaba para perder tiempo, mañana a primera hora tenía que presentar un informe importantísimo. Tampoco había nada, ninguno de los hombres que había allí valía la pena, lo único interesante era una chica algo más joven que ella, rubia y con una silueta impresionante. Al fin y al cabo, antes que follarse a un tipo feo ¿qué podría tener de malo probar con una chica como esa, con su elegancia, su cuerpo, esos labios carnosos? no es que estuviese tan desesperada, casi se le había pasado la excitación, pera era obvio que antes de con cualquiera de esos derrotados… la belleza es la belleza a fin de cuentas

           El placer sexual (para algunos el más intenso que conoce el ser humano) se construye desde los corpúsculos de Krause y de Meissner, sobre todo los situados en los sexos. Sensaciones táctiles que producen una excitación racional determinada en esas zonas. Nuestras neuronas reciben el mensaje y una descarga de endorfinas se esparcen desde el hipotálamo. En un nivel superior el neocórtex construye las fantasías (sexuales, el ideal de amor…) todas ellas floreciendo desde una construcción mental a su vez hija de nuestra sociedad (y en mucha menos medida de nuestros genes)

           Ella se encontró con N. en el tercer bar al que fue, ya  cuando había perdido hasta las ganas de follarse a nadie y el asunto era ya solo un tema de amor propio

           Lo cierto es que no puedo dejar de pensar en esos sociólogos, psicólogos… que aun creen que el culto a la juventud y sus valores meramente individualistas son una moda pasajera, nacida en los años 50 en una sociedad Americana demasiado rebosante de dinero y que tuvo su cenit a finales del siglo XX cuando la mercadotecnia ya lo había consagrado en motor casi único de la economía. Es obvio que de todos los bienes terrenales, el más preciado es la juventud, por definición, la mismísima antítesis de la muerte. Pero engañarnos pensando que ocupa toda la vida por completo es como cerrar los ojos y pensar que nos escondemos.

           N se corrió sobre la cara de Ella. Ella se sintió libre cuando el esperma golpeó su ojo. Sacó la lengua y se decidió por marcar la presa para próximas noches, así que chupo los restos de lefa que quedaron alrededor del glande

           El eterno joven es un elemento pasivo y útil en una sociedad ensimismada y onanista. Una gota de esperma sobre un ojo.

 

 

 

 

29.

Una historia rápida.

Pero también una historia aleatoria y casual, así, como quien no quiere la cosa (sin sentido, ni argumento, ni nada de nada)

Todo lo interesante del mundo sucede por debajo de la barrera de los 100 milisegundos: el tiempo necesario para reconocer visualmente a tu madre; al menos eso dicen ‘los científicos’. Pero démonos una pequeña tregua, supongamos que cada milisegundo es una palabra (porque qué es un juego sin reglas arbitrarias)

“Walter había ingerido gran cantidad de morfina, o se la habían ingerido y moría poco después. Adolfo, mientras, estaba en una reunión, cabreadísimo, más por los problemas con los zapatos que con la firma. Pasa el tiempo… tic, tac, tic. Nadie sabe como o porqué Adolfo se suicida y pierde la guerra, o al revés, tampoco importa. Pasa el tiempo… tac, tic, tac .Un tipo en Argentina decide matar a la mejor de sus terneras para celebrar la pedida de mano de su hija. Un turista japonés visita el monte Rushmore, antes o después de firmar un macroacuerdo de colaboración” Y hasta aquí puedo leer

¿Ahora qué?

                 No tiene ningún sentido, ¿verdad?... ¡y sin embargo cualquiera puede reconocer a su madre en estas cien palabras! Solo cien palabras

                 Otra historia rápida. Otras reglas, pero el mismo juego, pongamos que cada milisegundo es una letra. Pero también una historia aleatoria y casual, así, como quien no quiere la cosa (sin sentido, ni argumento, ni nada de nada)

                 “Walter mata a Adolf sobre el monte Rushmore. En la pampa alguien mata un japonés para celebrarlo. Pasa el tiempo…tic, tac, tic”

No tiene ningún sentido, ¿verdad?... y sin embargo ¿quién no reconoce a su propio padre en estas cien letras? Solo cien letras

                 Es la magia de la literatura

 

 

 

 

30.

Versión libre de ‘Rojo y Negro’ para dos violines y piano

[Extracto del acto 2, escena 3]

…….

Nadja: Nada. Si usted quiere lo haré con mucho gusto. No podrá decir mucho que yo no sepa ya, de manera que no le resultará difícil. No tiene objeto quedarse a mitad de camino. Alguna vez tendrá usted que ordenar su conciencia

(entonces ella se levanta, le da la espalda mientras se pone la parte de bajo de su ropa interior y coge un libro de una de las estanterías de la biblioteca)

Nadja: Pero nada, a final de cuentas

(silencio en escena durante treinta y seis segundos)

Nadja: La información que circula a través del silencio que se instala entre nosotros me incomoda

Él: No se engañe, su incomodidad permanecería aunque nuestra conversación fuera de una fluidez intachable

(Nadja deja el libro abierto mientras se pone la parte superior de su ropa interior. Coge de nuevo el libro y hace como que lee)

Él: Siempre pensé que leer nos hace ‘físicamente’ más reales

Nadja: ¿Teme no ser suficientemente real a pesar de todo?

Él: Siempre tengo un miedo estúpido tras el cual esconderme.

Nadja: Su hipócrita cobardía me impresiona. Hace menos de diez minutos no tuvo ningún problema en iniciar la batalla que acaba de perder

Él: Realmente no sabe cuanto siento no haberla tratada con toda la indiferencia que se merece

Nadja: No se preocupe por eso, tendrá tiempo de sobra para construirse todo un castillo de indiferencias

                                  (entra Margarita Duras en la biblioteca)

Nadja: Precisamente hablábamos de ti

Margarita Duras: Estoy seguro que nada bueno andaríais diciendo

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