|
(bordear ocasos)
Elementos Articulados
las ciudades son la obra de arte suprema. Son las más grande en tamaño e incluyen en su interior muchas otras obras de arte que deben ser enjuiciadas, no en su autonomía y limitación, sino como los elementos articulados que construyen el significado mismo de la ciudad(…)Solo en los tiempos modernos hemos ido separando cada una de las actividades artísticas y nos hemos habituado a enjuiciarlas como si fueran autónomas y se justificaran por si mismas fuera del espacio y del tiempo, fuera de la ciudad, flotando en la abstracción Pero las artes desprendidas de su soporte ciudadano se han transformado muy rápidamente en filosofía del Arte, y por eso las imaginamos aisladas y reflexivas, como ilustrando las páginas de un libro o la pantalla de un televisor
F.A
A la ciudad le sobran esquinas, con una es suficiente. En el balcón de esta, única y exclusivamente en el balcón de esta, sucede todo, todo lo que el resto de esquinas de la ciudad puedan teatralizar con mayor o menor dicha, todo lo que el devenir de la historia en mil bucles bachianos o borgeanos pueda suponer y repetir, hasta imaginar –porque todo lo imaginable no deja de ser una variedad infantil de lo sucedido, una mutación divina de lo posible- Ehnok no es una ciudad muy grande, pero para pecar de soberbia o para pecar de modestia ningún tamaño es suficiente circunstancia. Esta esquina es perfecta. Una esquina perfecta, geométricamente perfecta. Una de las calles está recorrida por sangre y droga todas las noches, por snobismo y poses todo el día. La otra de las calles se transmuta en plaza al llegar a esta esquina; en ella pasa la vida con lentitud mientras el sol la ilumina, con la tranquilidad de los pequeños pueblos, con la lentitud de la vejez, con la pausalidad de la caricia de dos enamorados. Pero cada Jekyll tiene un Hyde, y también en esta plaza la noche enciende su luna para dejar ver los excesos, amantes despechados, amaneceres sucios. De haber un dios –solo tan indudable que lo hay como improbable que lo haya-, este es disléxico, así que cada cosa que sucede puede suceder totalmente al revés de cómo quiera imaginar que lo hace o como quieras imaginarlo que pasa. En Ehnok los inviernos son muy fríos, y los veranos demasiado tórridos. En Ehnok los otoños son lluviosos y las primaveras florecientes En Ehnok cada persona es la persona que es, con su mascara de piel y sus manos llenas de dedos, sujetando la otra máscara con la que interpretar el prototípico papel que el dios del destino o el señor de la comedia les obliga a vivir. Y sobre ambas máscaras la coraza de la ensoñación, o el reflejo de los ojos que nos mirar, o el creer del público que aplaude. No más de cinco mil personas tratando de hacer creer al espectador que en Ehnok hay más de cinco millones de almas, lo cual hace que cada ciudadano de Ehnok interprete mil personajes distintos –con sus respectivas tres máscaras por personaje- Una ciudad como otra cualquiera. Una ciudad como las millones de ciudades diseminadas en el tiempo y el espacio, habitadas por la inconcreción de sus paredes, sus ruidos, sus observantes…
Bien está lo que bien acaba, dicen Rubén se disponía a conquistar la ciudad. Acabada la carrera, tras su periodo de prácticas y tras más de un año tonteando de museo en museo, de ciudad en ciudad, viajando para beber del arte en sus mismas fuentes, tenia decidido ir a Ehnok, donde su adorada, amada y angelical Gemma vivía desde hace dos años. Ya conocía la ciudad, ya había disfrutado de sus noches, sus amaneceres en la cama de Gemma, sus desayunos con churros, sus domingos de paseos. Ahora venia para quedarse: tiembla Ehnok, ha llegado El Artista, maquinaba en delirios de grandeza tan propios de su edad y tan fáciles en su monocorde felicidad. Perderse en la ciudad como clara alegoría del perderse en la vida. El camino empieza a llamarse calle y el camino equivocado que miles de veces retomamos en nuestra vida se convierte en un laberinto de calles, las calles se hacen laberinto, y este es el esqueleto real de Ehnok y de cualquier ciudad. La historia es fácil y rápida de contar. Gemma es una princesa. Rubén siempre había sido bastante atrevido, alto, huérfano de padre y con una madre que no dejaba de decirle ‘tu vales mucho’, con un tío o con un abuelo que siempre quiso ser pintor –cada persona en la ciudad interpreta mil papeles y en cada uno los matices son necesarios para poder creernos el cambio- y que pone en él toda la ilusión. Gemma feliz con un novio que será un gran artista y dispuesta a ser una gran diseñadora. Un profesor de ella le propone irse a la ciudad, a un pequeña empresa de diseño y creación publicitaria que él tiene y donde podría empezar a trabajar, adaptarse a la ciudad –‘si no trabajas en la ciudad nunca llegaras a nada’ le dijo a Gemma una amiga la noche en que se iba- Y por el otro lado Rubén, seguro de si mismo, dispuesto a trabajar de cualquier cosa. Un mes viviendo en casa de Gemma, sus compañeras de piso lo entenderán, en otro mes un trabajo basura, pero relacionada con su sueño, nada de camarero o similares, y poco a poco, más rápido incluso que en el mismísimo cuento de la lechera, terminaría en menos de un año dedicándose a lo que en justicia había venido ha hacer aquí –aquí, el parnaso de los vivos, no ya solo aquí, la ciudad- Perderse en la ciudad como quien se pierde en un bosque, requiere un aprendizaje. ‘Primeros dos meses y trabajando de camarero’, ‘dos putos meses y nada más que tiempo perdido’. Gemma le anima, piensa en que va siendo hora de mover algún hilo, de llamar a su casa y hablar con su padre, con el que hace más de un año que no se habla, desde las navidades pasadas para ser más exactos, cuando este le replicó que se olvidase de una vez por todas del amor adolescente de Rubén, que ya tenía una edad como para no seguir dándole a eso de la rebeldía. Rubén ya no confía en Gemma, sus amigos son muy modernitos (él, quien se lo iba a decir, que en su pequeñita ciudad era el más moderno de todos) ella crece en su trabajo, él no, pero esta claro, él es un artista de verdad y solo el tiempo podrá juzgarle, ella es solo medio artista, de igual forma que un periodista solo puede ser un medio escritor: solo trabajan con el ahora, lo que está de moda, lo que perece casi antes de nacer. Perderse en la ciudad como si nos perdiéramos en un laberinto es fácil. Hay días que Rubén no quiere volver a casa, y se emborracha con algún compañero del trabajo, rumiando su tristeza… para ser artista de verdad hay que sufrir: y qué imagen de sufridor más clara que media botella de alcohol ya consumida (nunca viene mal la parodia del artista, hay gente a la que le gusta mucho). Borracho recorre el laberinto de la ciudad, sin saber donde ir. Plazas llenas de personas parecidas a él, nombres de calles que se repiten al azar y señales colocadas aleatoriamente, sombras que huelen a orín y farolas con borracho. Pero esta no deja de ser una estúpida historia más, con una vulgaridad de personajes de cartón piedra, con un argumento ya bastante clásico. Perderse por la ciudad como quien se pierde por un bosque requiere de un aprendizaje. Ver árboles en el lugar que ocupa cada farola, transformar sus luces en chasquidos de ramas secas que pisamos al caminar, cruzar calles repletas de coches como si se tratasen de ríos infectos cuyas profundidades asustan Rubén no puede aprender algo de lo que no crea que sacará un provecho cercano. Será una cuestión genética, será una cuestión de educación, pero ese es el asunto, no puede. ¿Y qué sentido tiene perderse en un bosque si no hay nadie para mirar tu sufrimiento? Muchos otros no tienen otra opción. El perro de un vagabundo que dormía bajo un árbol bastante seco, en la misma plaza del Tres de Mayo, muerde a Rubén. Hospital, tensión, gritos. Y Rubén sintiendo lo profundamente duro que resulta la vida de un artista, mientras entre gritos le pregunta a Gemma porqué ya no la quiere. Demasiados gritos Gemma llora. Gemma lo consulta con las amigas. La reconciliación con Rubén se formaliza en un pueblo con playa, un puente de primavera. Gemma se reconcilia también con su padre y Rubén entra, por enchufe, a trabajar en una revista especializada en cultura, o en el suplemento cultural de un periódico o en una editorial que hace catálogos de exposiciones…. Con el tiempo, el asunto es llevado a anécdota por Rubén, con su gracia y ego particular. Con el tiempo, lo de siempre Pero ¿cuándo acaban las historias? ¿Por qué esta historia acaba aquí? Porqué no contar los primeros días de R y G viviendo juntos tras empezar a pagar su primera hipoteca, o su primer beso cuando ella le dice que está embrazada o el día que R se cita con una compañera de trabajo, o el día que G se masturba sola en la cama, mientras ve una película de…. O simplemente, ¿por qué contar esta historia vulgar? Simplemente porque esta historia ocurre todos los días y aunque sea solo por excesos hay que volver a contarla. Y acaba aquí simplemente porque es una historia tan paradigmática que no hay por donde cogerla. Simplemente porque creo que estuve enamorado de Gemma y desde que recibí la invitación a la boda, corro por el bosque huyendo de mis recuerdos como si una tribu de pigmeos les fuese la vida en descabellarme. Y porque perderse en la ciudad, como si fuera una selva conlleva un esfuerzo, un duro esfuerzo diario, y me gustaría que alguien estuviera aquí para verlo
Cae la noche en el bario de las letras. La sociedad donde todo es un espectáculo, la ciudad donde todo se convierte en un simulacro. Lo anormal y discontinuo se normaliza y no hay nada nuevo por descubrir. Cuatro semanas con la obra en cartelera. La primera semana todo fue bien, amigos, gente con deseos de ser vistos. La segunda y la tercera tampoco estuvo mal, el periplo del actor-protagonista por diferentes programas de televisión durante la semana del estreno (gran actor de teatro, cine y televisión, a lo mejor le recuerdan de series como ‘politólogos: en el corazón del ministerio’ o haciendo de transexual albino en la película de Almodóvar ‘Mujeres, siempre’) mantuvo la obra hasta ahora. Pero una semana más y el empresario se pondrá nervioso, lo cierto es que lo suyo es pura avaricia, porque sabe que con la subvención es casi imposible que pierda… pero no es tan estúpido como para dejar de ganar -Es una religión increíble, tenéis que venir un día conmigo a una de mis sesiones -Ay cariño, no veo yo con esas túnicas blancas… o -Es indignante que salgan ahora con el tema este ¿pero cuantos años tendremos que aguantar a estos desgraciados apoltronados en sus ideas retrógradas? -Algo hay que hacer, sin duda… Se escuchan en la mesa donde la troupé queda todos los jueves y entre cerveza, vino y alguna tapa, se autoconvencen de que si no fuera por ellos, los intelectuales, la ciudad se iría al carajo -Es una religión racional, es lo mejor de ella, no tiene nada de irracional. No es una religión, es más bien algo superior, una manera de concebir la vida y el destino -¿Y va alguien más que yo conozca? ……………….. -El otro día se publicó el programa de esta temporada en el Teatro Real. Todos cojeando de la misma pata -¿Sabes que a lo mejor echan a Mike del Teatro Municipal de la Paradoja por firmar el manifiesto contra el ‘agente amarillo’? ….. ‘No entiendo como la gente puede ver ese tipo de programas’. ‘Este verano tengo pensado ir cinco días a Nmasua, al este de Namibia’ ‘Pues dicen que ya no están juntos, que ahora hay una cierta ‘cantante’ que ha entrado en su vida’… La razón humana naufragando entre mitos de religiones modernas, que no necesitan de irracionalidades para erguirse y espectáculos disfrazados de cultura, que solo necesitan de subvenciones para caminar Tras la sexta semana El Empresario anuncia una nueva obra ‘el monologuista este que sale en la radio, un buen profesional, está una pizca sobrevalorado pero a la gente le gusta’ El primer sketch trataba sobre los pensamientos incestuosos de un director de teatro al ver el ombligo de una compañera de clase de su hija. Como no terminaba de convencer, el sketch fue cambiando, hasta que al final el protagonista fue un director de banco excitándose al ver el torso desnudo de uno de los amigos de su hijo. En una entrevista, durante las primeras semanas de la obra, declaró “Pero si al fin y al cabo la ventaja de ser un humorista… o aunque sea solo el tener una actitud humorística, es poder portarse como un hijoputa con total impunidad. Pero es que además le sacas partido, tanto en éxito sexual como económico. Y todo con los aplausos y la confabulación de todo el mundo” Y las declaraciones fueron lo suficientemente polémicas como para que la obra estuviera con el cartel de no hay entradas durante cinco meses, las palabras ni siquiera eran suyas ¿pero acaso le podía importar esto a alguien? Al sexto mes, casi en plena campaña electoral otro comentario medidamente desafortunado. “Lo peor de las mujeres es que el hombre con quien quieren tener el hijo no es el mismo con el que quieren cuidarlo. Quieren un James Dean que las deje bien folladas y luego quieren un Botín que le pague al niño una educación de clase social inaccesible y las saque a cenar entre famosos y multimillonarios” Amanece en la ciudad. Ayer te vi desayunando en la cafetería que hay en frente del Teatro.
Chabacanerías, siempre hubo, sin embargo en los últimos meses ha habido un drástico cambio en las frases que inundan la ciudad. No sé si solo soy yo el que así lo veo, pero me da la impresión de que cada vez son más poéticas y menos ególatras. No tratan de vender nada, no tratan de vender una estética desde la cual encumbrarse y disimuladamente llevar una firma con la que luego vender camisetas. No tratan de concienciarnos en batallas casi siempre tan ajenas como doblemente intencionadas. Parece que están simplemente ahí para alegrarnos. Desde esta esquina veo claramente escrito en negro, sobre la pared ‘No os asustéis, solo admiraros’. Ayer, no muy lejos de donde ahora estamos, leí ‘Somos los mejores en lo nuestro’ y escrito al lado ‘Animo, tu lo vales’, no pasó mucho tiempo para que notase hasta que punto me había alegrado. Hoy yo mismo he salido dispuesto a continuar la racha, en mí esquina he escrito ‘No seáis esclavos martirizados del tiempo: embriagaos, sin cesar. De vino, de poesía, de virtud, como queráis’. Quizá solo duré una semana, alguien creerá esta esquina más propicia para la blancura y su pureza o como rampa de lanzamiento de otras reprimendas más ‘beneficiosas’ o de gritos mas ‘sociales’, pero.
Desde que el libro calló por primera vez en manos de Darrel, no han pasado más de cuarenta años. Pasaba la noche como huésped en casa de unos amigos y su querencia por la literatura empujó sus pasos hacia su majestuosa biblioteca. Allí, entre libros que fuera de esas cuatro paredes difícilmente llegaría nunca a tener en las manos, encontró y empezó a hojear ‘El viajero en primavera’, obra de principios del diecinueve, editado y recopilado por un tal Ardenas y de autor anónimo, si bien uno de los anexo del final del libro deja entrever que es el mismo Ardenas el autor de la obra (George Ardenas, francés, poeta poco reconocido y empleado de una editorial, soltero y con una extraña deformidad en una de sus manos, como mucho después pudo comprobar el propio Darle en sus múltiples investigaciones) Desde el comedor principal su anfitrión le hace tomar consciencia de la situación y le solicita encarecidamente que se una a la partida de bridge. Consciente de que se trata del último día en mucho tiempo en que podrá gozar de tan amigable compañía, decide olvidarse del libro y tanteando las posibilidades de que su amigo le dejé la obra en préstamo, comienza una velada que el coñac y el calor de la chimenea alargan más allá incluso de lo esperado. Ya en casa, antes de dejarse vencer por el sueño y aun sabiendo que en poco más de cinco horas deberá levantarse para preparar al día siguiente un largísimo viaje a otro continente, ‘a otro mundo’, recomienza la lectura y se queda atrapada en ella. Apenas había empezado a leer cuando Darrel ya comenzó a tener una sensación de malestar que le era imposible de definir y que no dejaba de acentuarse a medida que pasaba las páginas, llegando a convertirse en escalofríos según avanzaba la obra: era como si las frases que tenía frente a sus ojos se le hicieran inmediatamente familiares, o las hubiese leído antes, o le recordasen alguna cosa. Como si la lectura a cada momento viniera a imponerle, o más bien a superponerle, un exacto recuerdo de palabras ajenas, el recuerdo a la vez preciso y difuso de una frase que hubiera sido casi idéntica y ya antes leída Se levanta cansado y con una sensación de pesadez. Una idea o un recuerdo encasquillado en su cabeza. Mientras desayuna recuerda una de las historias de ‘El viajero en primavera’ y asombrado recuerda que se trata de la misma historia, la misma esquemática narrativa, el mismo esqueleto de obra que George Perec utilizara en su cuento ‘Viaje de invierno’, o al menos en la versión primera, antes de simplificarla (seguramente por la proximidad de su muerte). Se trata de la historia tal y como era originalmente, y que años antes había leído, tras haber llegado a sus manos a través de un amigo que conocía a alguien de Oulipo. Sale corriendo a su biblioteca buscando las pruebas y descubre que no hay la menor duda. Pero una sensación de insuficiencia y vacío le mantiene toda la mañana en vilo y casi no le deja terminar de preparar el viaje, hasta que llegado el mediodía descubre, más atónito si cabe, que claramente se trata del ‘Tema del traidor y el héroe’ que Borges tan sutilmente insinuara en su cuento. ¿Cómo no había caído antes en las infinitas similitudes entre estas obras de Perec y Borges? Parecía como que sin el equilibrio necesario de ‘El viajero en primavera’ las múltiples similitudes quedaran sepultadas bajo sus respectivas circunstancias Tendría que investigarlo, pudiera tratarse de un descubrimiento crucial y trascendente. En cuanto llegase a su nuevo destino retomaría las investigaciones pormenorizadamente. Con todas sus pertenencias a cuestas, tras despedirse de una casa familiar que presiente que pasará años en volver a visitar, a falta de pocos días para comenzar la primavera, comienza su particular viaje. Sentado, melancólico, tratando de sepultar sus sentimientos y miedos, continua hojeando el libro. Y nuevamente vuelve a sentir ese déjà vu y ese vértigo… ¿Un sutil hilo a lo largo de la historia de la literatura? Lo cierto es que siempre fue muy fantasioso, y la situación era más que propicia Fuera de la ciudad poco sabe este humilde narrador de los avatares y desventuras de Darrel, pero cerca de cuarenta años después, regresa a Ehnok, como eminente escritor, conocedor del mundo gracias a su trabajo como cónsul, doctor honoris causa en reputadas universidades internacionales, particularmente estudioso de la historia de la literatura (‘como si fuese un extraño mapa de coincidencias’ dijo una vez un crítico). El eterno simulacro de vida que imagina Borges, el eterno repetirse que Perec imagina y del que reniega, la eterna pauta inmóvil que Ardenas predice y deja escondido en bibliotecas continuas a salones donde se juega al bridge. Y Darrel
En el fluir de las aguas que recorren la ciudad esta escondido el tiempo de un futuro no muy lejano y cuyo doble camino nos recuerda que aun hay alguna posibilidad para todos. Los descampados que crecen en los márgenes del río son solo un jirón más del mundo, en los que en lo más crudo de los nevados inviernos parejas toman cita para abrazarse. Solo abrazarse. Es una bella estampa, docenas de parejas completamente abrigadas, abrazándose, recordándose con sus abrazos que cada día estamos más lejos del invierno y más cerca de la primavera. Lo más bello de la conmemoración es que es suficientemente aleatoria como para que el exceso no acabe por hundirla en el sinsentido de estos. Pero muchos otros festejos se aglutinan alrededor del doble fluir del río, casi todas en primavera, muchas en verano, alguna en otoño, solo esta de los abrazos en invierno. Durante la última semana de Abril una nube, un pequeño cirro-cúmulo, permanece estática, descargando gota tras gota sobre el mismo punto, como si llorara un amor convertido en la piedra sobre la que descarga. Todos los primeros martes de mes, el mercado se instala sobre los tres puentes que cruzan el Barrio Rojo de la ciudad y es en esas fechas cuando el río se para, detiene su fluir completamente, quizá para poder tener la calma de oler los aromas de oriente luchando con los de occidente, la calma de comerciantes y compradores deseosos de las especias, de esencias más profundas. Pequeñas excepcionalidades, solo tan anónimas como reales, en las que la ciudad quiere recordarnos que debajo del laberinto sobre las que se construyen las ciudades, lejos del fratricidio que inició la primera, está Ariadna bailando las notas que la Ilíada nos tararea, sobre el escenario que Dédalo imaginó. La noche más corta del año, las barcas se apoderan del río y cientos de adolescentes, jóvenes y hasta niños, como si de una legendaria tradición iniciática se tratara, recorren el río desde el final de la ciudad, remando hasta el principio de esta, recordando lo que han vivido y viendo lo que les queda por llegar. Senectud. Y cuando llegas al principio de la ciudad, al final del recorrido que contra él río has peleado (en inocente pelea, pues el río sabe del tamaño y las fuerzas de cada uno y a cada uno le da su personalizada batalla) dejas que tu barca deshaga el camino. Senectud, se llama. Recuerdo la primera vez que me inundé en este viaje iniciático, ‘mi cuerpo es mi palabra’ pensé al bajarme y abandonar el camino, sintiéndome un mero personaje más de la farsa múltiple de la ciudad. Y repetí el viaje, quise llegar al corazón de la senectud, hasta que la penúltima de las veces no descubrí nada nuevo, solo recordé algo leído “… un espejo que se pasea a lo largo del camino” El último de los festejos, el más importante, es el del Sosiego. El día más caluroso del año, los años impares el 22 de Julio, los años pares el 2 de Septiembre, el río fluye en ambas direcciones y según el margen del río en el que estés o en el que te pongas, mirándolo ir o viéndolo volver, la gente saca a pasear su lasitud y bajo las copas de los más frondosos árboles se tumba sobre mantas, sobre el césped, apoya su cabeza sobre el hombro que tiene más cerca o apoya el brazo sobre la pierna menos lejana y cierra los ojos. Lasitud
Fascinada con el columpio de la entrada, Patty casi choca su coche contra unas macetas que parecen estar vacías. Eran casi las dos y media cuando Patty llegó a casa de Selma. Nada más aparcar el coche se dio cuenta de que al ritmo al que nevaba le iba a costar desaparcarlo cuando se fuera y pensó en moverlo, pero enseguida llegó Selma y comenzó a hablar sobre el paraguas que llevaba y el color del cuello de su abrigo. Patty le dijo que siempre perdía los paraguas el primer día de temporal y que para cuando ya estaba lloviendo o nevando con fuerza, solo podía rezar para que alguien la diese refugio en el suyo, como Patty ahora. No tardaron en llegar al porche de la casa y al subir las escaleras Selma se tropezó con una tabla algo suelta que según dijo había sido la culpable de más de una caída pero que sin embargo siempre olvidaba arreglar, o más bien mandar arreglar. Mientras Patty dejaba el paraguas en la entrada y le preguntaba si había comido, Selma trataba de limpiar los zapatos en un felpudo con un Welcome en un tono entre anaranjado y melocotón y le decía que había almorzado temprano porque había tenido que ir a enseñar una casa a un joven matrimonio -Pero de todas formas tienes que probar un tiramisú delicioso que he preparado. Está mal que yo lo diga pero cada vez me sale mejor. Es la única cosa ya que me sale bien |
|
Pag 8 |